El Ronroneo del Infierno
- ¡Jajajajaja! Increíble, ¡Abigor, ven a escuchar esto!
Abigor interrumpió su conversación con Lilith y se acercó a Belial, cuya risa estaba sepultando la voz de todos los demás.
- ¿Qué es lo que tengo que escuchar Belial? Más te vale que valga la pena, estaba a punto de conseguir una cita con Lilith, ya sabes lo complicada que es.
- Calla y escucha la historia de Ba‘al Zebûb y su último escarceo. Vamos, cuéntanoslo otra vez.
Ba‘al Zebûb se puso cómodo en su silla, apoyó los codos en las rodillas y comenzó a relatar su historia de nuevo:
- Veréis, hace aproximadamente una semana estaba paseando por la superficie cuando encontré en la calle a una chica joven, de unos veintitrés años, llevaba una minifalda negra, unas medias a rayas horizontales negras y blancas y unos botines de cuero negro. Se cubría el torso solo con un pequeño top blanco. Era puta.
El caso es que me hizo bastante gracia y decidí observarla durante un rato. Un tipo bajito y bastante feo se acercó a ella y después se marcharon juntos a la habitación de un motel. Con mi forma incorpórea me colé en el cuarto y les estuve observando todo el tiempo. Me costó muchísimo contener la risa ante tal espectáculo, aquel tipo era impotente y no había forma de que se le levantara. El caso es que la zorra parecía estar ansiosa por follar así que cuando el tipo desistió y se marchó, ella se quedó en el cuarto con cara de desilusión.
Comprenderéis que un caballero como yo, el gran Ba‘al Zebûb, adorado durante eones, no podía dejar a una señorita en aquella situación, así que rápidamente idee un plan. Aún sin ser visible, me acerqué a aquella mujer morena y le dije al oído:
- Malena - pues así era su nombre - escúchame, tienes una misión.
A la pobre casi le da un ataque cuando me aparecí ante ella desnudo, con el aspecto de un joven atlético de pelo largo y rubio.
- Malena, soy un mensajero del señor; vengo a decirte que has sido elegida. Tu serás la madre del Mesías en su segunda venida.
- Yo - tartamudeó la muchacha - pero si yo no soy virgen, ni pura ni nada.
- Es lógico que no lo seas, María era virgen y concibió sin acto pues el Mesías venía a salvar la humanidad. En esta ocasión ha de ser mediante el cuerpo y en una mujer acostumbrada al sexo dónde se engendre al Hijo, pues viene a juzgar al mundo.
- ¡Jajajajajaja! - Abigor rió en compañía de Belial.
- Como os decía - continuó Ba‘al Zebûb - me anuncié de forma parecida a como lo hizo Gabriel ante María. Pues bien, la muy estúpida me creyó. Claro, ante tales súplicas no podía hacer otra cosa sino poseerla; y así lo hice. Al principio todo fue bastante normal y ella parecía disfrutar bastante, pero cuando comencé a ensanchar mi miembro hasta que su piel comenzó a partirse por la tensión sus gritos debieron oírse en todo aquel lugar.
Debo confesar que no me sentía muy inspirado, pues apenas pude mantener aquella situación durante siete horas, cuando finalmente me diluí en su interior. Malena estaba exhausta y un charco de sangre manchaba las sábanas de raso verde.
- Ahora estás embarazada - le dije.
Acto seguido su vientre comenzó a hincharse y en cuestión de unos quince minutos se puso de parto. De sus entrañas rotas nació un ser negro y peludo, de ojos amarillos y brillantes y garras afiladas, muy similar a un gato.
Permanecí en el cuarto hasta que llegó la policía, lógicamente adopté mi forma incorpórea de nuevo, solo quería mirar. No os lo vais a creer, pero tratad de adivinar quien apareció haciéndose pasar por inspector de policía.
- Dínoslo Ba‘al Zebûb - Abigor apenas podía hablar de la risa.
- ¡Rafael!
- ¡JAJAJAJAJAJA!
- Sí, creo que el no me vio, y si me vió me da igual. Lo mejor de todo es que cogió al gato y se lo llevo. Pensé que quería matarlo, pero en lugar de eso desapareció con él.
- Vaya - dijo Abigor - no creo que eso le vaya a gustar mucho a Miguel.
De pronto un extraño gruñido, suave, casi cariñoso, pero violentísimo, inundó la sala.
- No, desde luego Miguel no va a estar muy contento, ¡JAJAJAAJAJAJAAJAJA! - los tres amigos rieron al unísono.
Abigor interrumpió su conversación con Lilith y se acercó a Belial, cuya risa estaba sepultando la voz de todos los demás.
- ¿Qué es lo que tengo que escuchar Belial? Más te vale que valga la pena, estaba a punto de conseguir una cita con Lilith, ya sabes lo complicada que es.
- Calla y escucha la historia de Ba‘al Zebûb y su último escarceo. Vamos, cuéntanoslo otra vez.
Ba‘al Zebûb se puso cómodo en su silla, apoyó los codos en las rodillas y comenzó a relatar su historia de nuevo:
- Veréis, hace aproximadamente una semana estaba paseando por la superficie cuando encontré en la calle a una chica joven, de unos veintitrés años, llevaba una minifalda negra, unas medias a rayas horizontales negras y blancas y unos botines de cuero negro. Se cubría el torso solo con un pequeño top blanco. Era puta.
El caso es que me hizo bastante gracia y decidí observarla durante un rato. Un tipo bajito y bastante feo se acercó a ella y después se marcharon juntos a la habitación de un motel. Con mi forma incorpórea me colé en el cuarto y les estuve observando todo el tiempo. Me costó muchísimo contener la risa ante tal espectáculo, aquel tipo era impotente y no había forma de que se le levantara. El caso es que la zorra parecía estar ansiosa por follar así que cuando el tipo desistió y se marchó, ella se quedó en el cuarto con cara de desilusión.
Comprenderéis que un caballero como yo, el gran Ba‘al Zebûb, adorado durante eones, no podía dejar a una señorita en aquella situación, así que rápidamente idee un plan. Aún sin ser visible, me acerqué a aquella mujer morena y le dije al oído:
- Malena - pues así era su nombre - escúchame, tienes una misión.
A la pobre casi le da un ataque cuando me aparecí ante ella desnudo, con el aspecto de un joven atlético de pelo largo y rubio.
- Malena, soy un mensajero del señor; vengo a decirte que has sido elegida. Tu serás la madre del Mesías en su segunda venida.
- Yo - tartamudeó la muchacha - pero si yo no soy virgen, ni pura ni nada.
- Es lógico que no lo seas, María era virgen y concibió sin acto pues el Mesías venía a salvar la humanidad. En esta ocasión ha de ser mediante el cuerpo y en una mujer acostumbrada al sexo dónde se engendre al Hijo, pues viene a juzgar al mundo.
- ¡Jajajajajaja! - Abigor rió en compañía de Belial.
- Como os decía - continuó Ba‘al Zebûb - me anuncié de forma parecida a como lo hizo Gabriel ante María. Pues bien, la muy estúpida me creyó. Claro, ante tales súplicas no podía hacer otra cosa sino poseerla; y así lo hice. Al principio todo fue bastante normal y ella parecía disfrutar bastante, pero cuando comencé a ensanchar mi miembro hasta que su piel comenzó a partirse por la tensión sus gritos debieron oírse en todo aquel lugar.
Debo confesar que no me sentía muy inspirado, pues apenas pude mantener aquella situación durante siete horas, cuando finalmente me diluí en su interior. Malena estaba exhausta y un charco de sangre manchaba las sábanas de raso verde.
- Ahora estás embarazada - le dije.
Acto seguido su vientre comenzó a hincharse y en cuestión de unos quince minutos se puso de parto. De sus entrañas rotas nació un ser negro y peludo, de ojos amarillos y brillantes y garras afiladas, muy similar a un gato.
Permanecí en el cuarto hasta que llegó la policía, lógicamente adopté mi forma incorpórea de nuevo, solo quería mirar. No os lo vais a creer, pero tratad de adivinar quien apareció haciéndose pasar por inspector de policía.
- Dínoslo Ba‘al Zebûb - Abigor apenas podía hablar de la risa.
- ¡Rafael!
- ¡JAJAJAJAJAJA!
- Sí, creo que el no me vio, y si me vió me da igual. Lo mejor de todo es que cogió al gato y se lo llevo. Pensé que quería matarlo, pero en lugar de eso desapareció con él.
- Vaya - dijo Abigor - no creo que eso le vaya a gustar mucho a Miguel.
De pronto un extraño gruñido, suave, casi cariñoso, pero violentísimo, inundó la sala.
- No, desde luego Miguel no va a estar muy contento, ¡JAJAJAAJAJAJAAJAJA! - los tres amigos rieron al unísono.

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